De ida y vuelta
Comité de Solidaridad Oscar Romero de Torrejón de Ardoz
Octubre 2006
Viajamos a Bolivia tres compañeros con un proyecto de educación comunitaria con la Asociación Cultural Candela de Madrid, asociación que lleva nueve años yendo con esta línea de trabajo. Y como miembro del Comité Oscar Romero de Torrejón; además del proyecto de educación comunitaria, establecí contacto con las mujeres de Contexto con el objeto de crear lazos a través de una red llamada SICSAL, red de solidaridad entre los pueblos, en la que estamos insertos. Es en las mujeres de Contexto en quien pienso para contar ésto.
Sobre un volcán en erupción me he sentido sentado una carrera de cinco semanas.
Hablan los decires populares que todo tiempo pasado fue mejor. Pero Bolivia, espera cambiar hoy su presente para que el tiempo pasado sea una buena experiencia sobre como no hacer y como no dejar que hagan. Por eso, esa fresca sensación de que todo puede estallar de la noche a la mañana.
El pueblo sabe que puede quitar y poner a quien lo merezca. Quitaron a los anteriores presidentes, colocaron a Evo, y pueden quitarlo si no responde a sus necesidades.
¡¡Tremendamente compleja la situación boliviana!!
Nacionalizaron los hidrocarburos pero no tienen tecnología para sacarlos. Los maestros cobran tres veces menos de lo que una familia necesita para vivir y la subida de sueldos del gobierno no es lo esperado. Hay que esperar un poco más. Dicen. El machismo abunda tanto como el trago, el analfabetismo campa a sus anchas y la diarrea mata más que el cáncer.
Y ante la necesidad evidente… la organización necesaria. Acá, la accesibilidad a todo nos llena de agujeros que accesiblemente, en un intento de tapar, hacemos más grandes. Allá, juntas, sobra siempre algo. Juntas, porque son mujeres de las que vengo hablando. Las mujeres de Contexto que muestran los ojos de las mujeres bolivianas. Hace quince años se empezaron a juntar las que juntas ya estaban. En los pueblos del entorno a la Paz, como el agua era mala y apenas llegaba… la canalizaron. Como los médicos no llegaban… aprendieron a ayudar a parir. Como el maestro no llegaba… aprendieron a leer. Y juntas, después de aprender, aprendieron a enseñar a otras. Juntas reflexionaron, juntas rezaron, juntas se posicionaron y juntas denunciaron. Juntas se plantaron frente a sus parejas y frente a los golpes y de golpe rompieron el circulo: «mi hijo ya no pega a su chica y mi hija no se deja pegar». Es el comienzo. Juntas lo hicieron y juntas lo siguen haciendo. Evo cuenta con ellas para la nueva constitución boliviana, pero ellas no son Eva, así que no dirán a todo que si.
Son las mujeres quienes llevan el peso de Bolivia. Ellas trabajan, ellas paren, ellas crían, ellas aman, ellas se organizan. Y cuentan las calles que cuando la tierra entra en calma y decide descansar, recostándose bajo la luna tumbada cuya luz uniforma a todos, y se supone que junto a la Pachamama también calmamos nosotros y recostados soñamos, es la hora del mercado de los más pobres. Se levantan los cierres del mercado… de la basura. Antes de dormir, en la ciudad del Alto, quien tiene; arroja sus despojos a las aceras acumulándose hasta el amanecer. Recién dormidos, quien no tiene, busca entre la mierda algo que tener. Si antes no lo roban los perros que con ellas compiten. Ellas, que buscan y rebuscan después de haber andado las calles del Alto cuando aun el sol estaba fresco.