POR FIDELIDAD A NUESTRA CONCIENCIA

 

 

GRATITUD Y SOLIDARIDAD HACIA JOSE ANTONIO PAGOLA

 

         En relación a la noticia recogida por los medios de comunicación sobre la retirada de las librerías del libro de Jose Antonio Pagola “Jesús, una aproximación histórica”, somos much@s l@s creyentes que necesitamos una explicación, y al mismo tiempo nos sentimos obligad@s a expresar fielmente lo que sentimos y pensamos.

 

Creemos que acciones tan graves como ésta requieren un esclarecimiento oficial. Quienes hayan tomado esta decisión deben tener nombre, rostro y argumentos para justificarla. El autoritarismo y el oscurantismo que envuelven esta decisión restan a la Iglesia credibilidad evangélica y hacen mucho daño a quienes la formamos y la amamos.

 

Por esa razón, pedimos respetuosa pero firmemente que se nos diga la verdad acerca de este veto a la obra de J. A. Pagola, que desautoriza también expresamente al obispo que le otorgó el “nihil obstat”, D. Juan Maria Uriarte, y por extensión, a los miles y miles de creyentes y no creyentes que hemos sido consolados, iluminados e interpelados por su lectura.

 

A much@s este libro nos ha ayudado a creer y a querer a Jesús de Nazaret. Nos ha esponjado el corazón y despertado el deseo de ser mejores. Por eso queremos mostrar y hacer público nuestro apoyo y agradecimiento a J. A. Pagola por habernos mostrado el rostro de un Dios Misericordioso apasionadamente enamorado de cada un@ de nosotr@s.

 

J. A. Pagola no confunde nuestra fe, sino que la alimenta y le da alas. Quienes han dado la orden de retirar su libro de todas las librerías, sin ninguna explicación, sí que nos confunden. Por eso pedimos, una vez más, que se nos informe y se nos diga la verdad de lo que está pasando.

 

 

Firmado:

Irigaray Bergara, Mª Victoria

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MEDITACIÓN SOBRE UNA EMIGRANTE DESCONOCIDA

No sé quién eres, no sé cómo te llamas, ni conozco de qué país has venido a Barcelona. Pero te vi la otra tarde en la calle Roger de Llúria, a la altura de Aragón, cruzando la calle mientras conducías la silla de ruedas de una señora mayor. Comenzaba a oscurecer y hacía frío, la señora llevaba un abrigo de pieles largo, un sombrero de piel, guantes y un bolso muy elegante. Tú ibas vestida muy sencillamente, con una simple bufanda al cuello, sin guantes. Se te veía joven y fuerte,quizá un poco seria...

Por tus rasgos, por el color de tu piel, por tu forma de ir vestida comprendí claramente que no eras asiática ni africana, tampoco de la Europa oriental. Seguramente eraslatinoamericana: ¿ecuatoriana? ¿boliviana?, ¿colombiana?¿peruana?. No lo sé con certeza.

Eras joven y llevabas a una persona mayor, anciana. Seguramente en su casa, su familia, así lo espero, te tratan bien, te pagan un buen sueldo, mayor que el que recibías en Latinoamérica. Imagino que ya tienes los papeles en regla y que no sufres al salir a la calle temiendo que la policía te detenga por ilegal y te reenvíe a tu país de origen. Pero pienso en los que has dejado en tu país: ¿has dejado a tus padres? ¿has dejadoa tus hijos al cuidado de tu esposo o de los abuelos? ¿Por qué has abandonado tu tierra, tus costumbres, tus tradiciones, tu familia? Seguramente para ganar más, para así poder costear los estudios de tus hijos, para poder comprar un terrenito y hacerte una casita, para montar un pequeño negocio cuando regreses.

Pero el precio de tu estancia aquí es muy alto: separación, soledad, rupturas culturales y humanas. Viéndote llevar la silla de la vieja dama me pareció que tú representabas a los países jóvenes que ahora ayudan al Primer mundo, a la vieja Europa, culta y rica pero en muchos aspectos decadente.

Hace 500 años la España colonial, concretamente el Reino de Castilla, descubrió, conquistó, explotó, saqueó, violó y en gran parte extinguió la población originaria del continente americano. El Reino de Aragón no participó en la conquista, aunque seguramente no hubiera actuado de forma muy diferente. Siglos después, según los historiadores, muchos catalanes se enriquecieron en América traficando esclavos que trabajaban la caña de azúcar y el café.

Hoy, después de 500 años, los descendientes originarios o mestizos de aquellos pueblos venís a España, convertidos en siervos, enlos nuevos esclavos del siglo XXI: cuidáis ancianos, trabajáis en la construcción, cosecháisel campo, sufrís también las consecuencias de la actual crisis económica: algunos están en el paro, otros regresan a sus países de origen… Pero en realidad, aunque no se suele decir mucho, aquí os necesitan, pues los emigrantes hacéismuchas veces los trabajosmás duros y humillantes que nadie quiere hacer. ¿Qué sucedería si un día todos los emigrantes os declaraseis en huelga? ¡El país se hundiría en el caos más absoluto!

Y aquellos pueblos latinoamericanos que entre luces y sombras fueron evangelizados por la Iglesia colonial, ahora se sorprenden al ver que la antigua metrópoli católica está muy descristianizada, muy secularizada, muy agnóstica y fría religiosamente. Seguramente esto te choca a ti, que rezas al Diosito y a la Virgen cada día, que estás acostumbrada a poner velas a los santos para que protejan a tu familia. Seguramente esta vieja dama a la que tú acompañas en su silla de ruedas es una mujer creyente y piadosa, posiblemente tiene mejor formación religiosa que tú, a lo mejor la estabas llevando a la vecina parroquia de la Concepción. Pero sus hijos y nietos muy probablemente no frecuentan mucho el templo.

Tú, seguramente sin darte cuenta, con tu fe sencilla, con tu trato cariñoso y dulce a la anciana, con tu sentido de honradez, de austeridad, del compartir, con el respeto que tu pueblo tiene hacia los mayores de edad, les están evangelizando. Seguramente si has viajado alguna vez a tu país le has traído regalos a la señora: un chal, unos bombones, unas artesanías típicas,porque los latinoamericanos tenéis un fuerte sentido de la gratitud y de la gratuidad. Posiblemente la señora se habrá extrañado, te habrá dicho que no era necesario hacerlo, pero tú sabes muy bienque esto siempre se hace en tu tierra, donde el dinero no es lo principal

A la genteque te vio pasar y cruzar la calle conduciendo a la vieja dama, seguramente no le llamó la atención: se ven tantos casos semejantes ¡ Tampoco es la primera vez que yo lo veo, pero esta vez me golpeó, me sacudió, porque hace muchos años traté con los españoles que emigraron a Alemania y sé lo que sufrieron, y ahora que resido en Bolivia veo el dolor de las familias divididas por la emigración, niños sin padres, sin el afecto materno, aunque reciban mensualmente remesas de euros. Por esto a quienes me preguntansi es positivo viajar a España, yo les aconsejo que se queden en su país, en su tierra.

Ojalá llegue un día en que nadie tenga que abandonar su propio país para sobrevivir y se cumplan los deseos del viejo profeta Isaías para el pueblo de Israel que regresaba del exilio:

“Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su frutos, no construirán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma…y podrán gastar lo que sus manos fabriquen (Is 65, 21-22).

Ojalá la vieja dama a la que llevas en silla de ruedas pueda un día escuchar de los labios del Señor Jesús: ”Yo era emigrante y me acogiste”( Mt 25,35). Porque el huérfano, la viuda y el forastero siempre han sido los predilectos del Señor que se identifica con ellos.

Mientras tanto, joven emigrante desconocida y anónima, sigue cuidando con cariño a la vieja señora. Ojalá pronto puedas regresar a tu patria.

Todo esto pensaba cuando cruzabas con silla de ruedas la calle Roger de Llúria junto a la calle Aragón. Me hubiera gustado saludarte, hablar contigo, pero no hubo tiempo. Pasaste rápidamente antes de que el semáforo se pusiera de color rojo. Te perdí de vista.

Sólo quedó el semáforo rojo como una señal de alerta para todos nosotros. Hacía frío. Pero al seguir caminando pensé que los pobres nosevangelizan.

Víctor Codina sj,

Barcelona,17 marzo de 2010

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Hambre: vergüenza humana, cólera divina

José I. González Faus. Vida Nueva. Hace ya más de 35 años, resumí la reflexión teológica que estaba intentando realizar en una estrofa de Atahualpa Yupanki: “hay cosas en este mundo - más importantes que Dios - que un hombre no escupa sangre - ‘pa’ que otros vivan mejor”. Versos que se cargan de energía en un mundo donde tres mil millones de seres humanos escupen sangre, mientras tres o cuatro millones de multimillonarios viven cada vez mejor.

Versos que, además, merecen una doble exégesis:

Desde el punto de vista de lo que D. Bonhoeffer llamaba “una noción general de Dios”, la estrofa es cierta. Desde el punto de vista de los que creen en Dios tal como se reveló en Jesucristo, la estrofa cobra intensidad porque (como escribí ya entonces) “es Dios mismo quien nos hace saber que hay cosas en este mundo más importantes que Él”. Y que toda búsqueda de Dios que se aparte de ese camino, sólo encontrará un ídolo.

Pero si Dios mismo nos hace saber eso, Su revelación nos lleva a cada uno de nosotros a proclamar lo mismo: “hay cosas en este mundo, más importantes que yo: que un hombre no escupa sangre…etc”. Hay una cosa más importante, mucho más importante que la ida a la luna, que el progreso tecnológico, que el triplete del Barça, el oscar de Penélope, o el sueldo inmoral de 25 millones de dólares de Fernando Alonso…

Si Dios existe, y es así como se reveló en Jesús, cabe imaginar lo que sentirá de nuestro mundo. Y tras el día mundial para la erradicación de la pobreza, no estará de más recordarlo, al menos por una vez, tras el vergonzoso fiasco de aquellos objetivos del milenio, que sólo se proponían reducir el hambre asistencialmente a su mitad en un plazo (creo que) de cincuenta años, y que al poco tiempo se declararon fracasados. Fracaso muy previsible si se hubiera recordado la frase de Gandhi: “la tierra produce lo suficiente para satisfacer nuestras necesidades; pero es absolutamente insuficiente para satisfacer nuestros caprichos”. Y nuestro sistema económico pretendía satisfacer esa necesidad primaria del hambre, dedicándose a producir para los caprichos de los ya satisfechos.

El cristiano podrá comprender, a la luz de lo dicho, la seriedad de la profunda afirmación de K. Barth (según muchos el mayor teólogo del s. XX): todo hombre a lo largo de su vida, lo sepa o no lo sepa, se ve confrontado con “el significado absolutamente transformador del hecho de que Dios existe”. Y quien no sea creyente, pero se considere hombre de buena voluntad, percibirá que esa enseñanza de Barth conduce necesariamente a la que, también por aquellas fechas, proclamaba E. Mounier: en el futuro (que ya ha llegado) los hombres no se distinguirán por si creen o no en Dios, sino por cómo se sitúan ante las víctimas del planeta.

Si las cosas son así, y yo creo que son así, me permitiré terminar con un par de interpelaciones.

La primera se dirige a los medios de comunicación. He dicho otras veces que la mayor responsabilidad de los medios hoy no está sólo en cómo tratan sus temas, sino en los temas que eligen tratar. Así pues, admirados Iñaki Gabilondo, Carles Barcino y otros: ¿cuándo van ustedes a comenzar sus noticieros diciéndonos con pesadumbre: hoy han muerto de hambre en la tierra más de 10.000 personas?Porque se trata de una cifra muy superior a las que puedan arrojar los accidentes de tráfico o de trabajo, o la violencia de género, o los muertos en cualquier terremoto. Y, ante esa desproporción, valen las palabras que Jesús dirigió a los que él llamaba fariseos-hipócritas: “aquello había que hacer, sin olvidar esto”. Es además un cifra que todos tendemos a olvidar cuanto antes, y por eso necesitamos que nos la recuerden.

La segunda interpelación se dirige a los cristianos: gran parte de los mártires que cosechó el cristianismo en el pasado siglo, lo fueron por haberse situado al lado de las víctimas de la tierra (obispos como Romero y Angelelli, Ignacio Ellacuría y sus compañeros, el secretario de Casaldáliga que cosechó una bala que iba dirigida al obispo…). No se entiende pues cómo los cristianos hemos apagado los ecos de aquella canción que hace treinta años nos llenaba las bocas con sus endecasílabos demoledores: “Su nombre es El Señor, y pasa hambre - y clama por la boca del hambriento - y muchos que lo ven pasan de largo - a veces ocupados en sus rezos… Está enfermo, está hambriento está desnudo - pero Él nos va a juzgar por todo eso”.

La Biblia comenzó a partir de una supuesta voz de Dios que decía: “he oído el clamor de mi pueblo”. Se cerró con otra voz que, desde la fe recobrada en Jesús, escribía: el clamor de los salarios que habéis defraudado a vuestros jornaleros llega hasta el cielo (carta de Santiago 5,4.5). Pero hoy por lo visto, y como escribió hace años Lipovetsky, ese clamor no llega a nuestros oídos porque los tenemos tapados por unos auriculares que nos conectan con alguna de las últimas chucherías electrónicas.

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